No era que quisiera entrometerme en asuntos ajenos, pero sabía muy bien que Maren siempre había mirado con desprecio a Viviana debido al asunto de su hermana. Y ahora que volvía a encontrársela aquí, no podía garantizar que no tratara de buscarle problemas.
Dado que, por el momento, yo estaba a cargo de la clínica, era mi deber asumir la responsabilidad de lo que ocurriera en este lugar.
Así que me apresuré a interponerme en su camino y le dije con tono conciliador:
—Maestra, la señorita Viviana