Ese tipo de mujer tan vulgar y cargada de falsedades… jamás podría compararse con Lucía o con Luna. No tenían ni la mitad de su elegancia, ni un gramo de su autenticidad.
Aun así, mantuve la farsa.
—Vale, está hecho entonces —le dije a Zorath fingiendo una sonrisa.
Regresamos cada uno a nuestras mesas, como si nada hubiera pasado.
Apenas me senté, Lucía y Luna me miraron con una mirada de asombro.
—¿Y? ¿De qué hablaron ustedes dos? —preguntó Lucía, cruzando los brazos.
No les oculté nada. Les co