—¡No fue eso! —me apresuré a decirle:— Lo juro por lo más sagrado. Jamás había pensado en Patricia de esa manera. Solo… solo estaba tratando de calcular su talla, nada más.
Aunque sabía a la perfección que, siendo hombre, quedarme mirándola de ese modo no había sido lo más prudente. Así que de inmediato desvié la mirada y me disculpé:
—Perdón, Patricia. No fue mi intención incomodarte. Por cierto, ya clasifiqué todas las medicinas que debe tomar Aquilino el día de hoy, las dejé organizadas en la