Elara, con su instinto agudo, captó de inmediato que algo no cuadraba del todo.
—Patricia… solo era una broma. Pero mírate, ¡te has puesto roja como un tomate! ¿No será que acerté en mi comentario? ¿De verdad pasó algo entre ustedes dos anoche?
Su tono era juguetón, pero en el fondo también había una pizca de envidia.
Aquilino, aunque de carácter tranquilo y educado, no era para nada frío o inconsciente en la intimidad, y eso se reflejaba en el rostro de Patricia, que emitía una felicidad difíci