Un matrimonio demasiado tranquilo… sin ningún tipo de emociones, curvas, o pasión.
Así era la vida conyugal de Elara.
Ella y su esposo ya habían cruzado el umbral de la mediana edad. Si acaso lograban compartir intimidad una vez al mes, ya era mucho decir.
Y cuando ocurría, era solo como un trámite: él lo hacía por compromiso, sin previo aviso, sin palabras dulces, sin preguntarle si estaba bien o si había sentido algo.
Todo era bastante rutinario, mecánico.
Dentro de Elara, comenzaba a crecer