Al entrar en la habitación, sin decir ni una sola palabra, empujé a Carla contra la pared...
—¿Así que te atreviste a regañarme, eh? ¿Me regañas ahora? —mientras le arrancaba la ropa con mucha furia.
Carla soltó una risita seductora, como si la situación le resultara divertida: —No tenía otra opción. Si no lo hacía, alguien más podría habernos descubierto...
En ese preciso momento, ya nada me importaba en lo absoluto.
Había planeado resolverlo rápido, pero una vez sumergido en el calor del momen