—¡Ya hasta se te corrió la teja! Eres la directora académica. ¿Qué pasaria pues si algún alumno te ve? —protesté en un tono de voz baja, mis palabras sonaban a regañadientes mientras analizaba el pasillo desierto con una mirada de halcón.
Esto era una escuela, con sus paredes de color mantequilla pálida y ese olor a tiza y desinfectante que siempre flotaba en el aire, no el Refugio Montaña Esmeralda. ¿Cómo podía Carla atreverse a tanto? ¿Acaso buscaba que nos descubrieran? ¿O quizás esa posibili