María, mientras se sentía cada vez más molesta, continuaba dándole un rápido vistazo a mi álbum de fotos.
Sabía perfectamente que cuanto más miraba, más incómoda se sentiría, pero no podía evitarlo, seguía allí como boba mirando.
Las fotos que había guardado no eran para presumir, ni para verlas cuando me sentía aburrido; simplemente las guardaba para recordar esos momentos.
Por eso, le había puesto un nombre a cada una de las fotos.
Cuando María abrió las fotos en las que salía ella, vio que la