—De todos modos, ya que ninguno de los dos tiene nada que hacer, ¿qué tal si vamos a dar un pequeño paseo por el refugio de la Montaña Esmeralda? propuso en ese momento mi cuñada.
Luna lo negó de inmediato: —Mejor no, si Óscar se entera, va a pensar que lo estamos siguiendo.
Mi cuñada se rió con algo de molestia: —¿No puedes dejar de pensar siempre en él? Primero tienes que pensar en ti misma, y luego en los demás.
—Últimamente, he notado que no estás del todo bien. Aunque te hayas divorciado de