Pensaba que por un momento María era simplemente una doctora común y corriente, pero no me imaginaba que su familia tuviera tanto dinero.
La miré a María, tartamudeando un poco y, de repente me quedé sin argumentos.
—¿Q-qué quieres hacer, exactamente?
María me miró déspota de arriba a abajo, luego, con una voz autoritaria, preguntó: —¿Acaso estabas con Carla hace un rato?
No sabía en realidad por qué María me hacía esa pregunta. Tampoco sabía si debía decir la verdad o mentir.
Mi mente estaba co