Estaba en la habitación, disfrutando de un baño relajante, jugando con mi celular y pasando el tiempo con tranquilidad.
De repente, escuché unos golpeteos fuertes en la puerta, ¡bang, bang, bang!
Me sobresalté un poco y, de inmediato, me puse alerta, preguntando: —¿Quién es?
—Soy yo, abre la puerta,— era la voz fuerte de María.
Me sentí nervioso al instante, y la primera idea que cruzó por mi mente fue: ¿acaso María descubrió mi otra identidad? ¿Viene a buscarme para pedirme cuentas al respecto?