Sentí un fuerte nudo en el estómago, la ansiedad y el nerviosismo me invadieron por completo.
Temía que María malinterpretara todo.
Su expresión pasó de la sorpresa al enfado total en cuestión de segundos.
Pero lo que realmente me desconcertó fue que, en lugar de desquitarse conmigo, su mirada furiosa se posó directo sobre Viviana.
—¡Viviana! ¿Se puede saber qué demonios estás haciendo? —su voz resonó en la habitación, cargada de ira, como si estuviera en ese momento a punto de estallar.
Pero Vi