No debí haber dicho eso.
Ahora sí que me metí en un grave problema.
Cerré la boca de inmediato y decidí no responder nada más.
Pero Viviana no iba a dejarlo pasar.
Me pellizcó otra vez en la pierna y exigió:
—Y la foto, ¿qué? Vamos, enséñamela de una vez por todas.
—No, no quiero. —Rechacé tajantemente.
Viviana entonces me retorció la piel con más fuerza, haciéndome soltar un jadeo de dolor.
—¡Ouch…! ¡Eso duele mucho! ¿Puedes ser un poco más delicada? —Me quejé con una expresión de sufrimiento.