Casi me delata.
Apresurado puse una expresión seria y respondí con frialdad:
—¿Puedes dejar de decir tonterías? Es mi cuñada, jamás pensaría en algo así.
Viviana gruñó con escepticismo.
—Ajá, claro… como si no existiera un dicho que dice: La mujer del prójimo siempre es más atractiva. Ustedes los hombres son todos iguales.
—Si eso es lo que piensas, entonces no tengo nada más que decir. —De repente, me encogí de hombros, fingiendo indiferencia, porque la verdad es que no sabía cómo seguir esa to