—Pequeño bribón, bien que dijiste que nunca volverías a tocarme ah…
Después de hacer el amor, Paula me miró con una sonrisa pícara.
Yo, en cambio, me sentía avergonzado hasta la médula.
Había dicho esas tontas palabras, incluso me las había repetido mentalmente como un juramento, pero al final terminé rompiéndolo.
Estaba lleno por completo de arrepentimiento.
¿Por qué demonios seguía enredándome con esta mujer?
Después de arreglarse un poco la ropa, Paula se acercó sugestiva a mí y, con una sonr