Yo, por supuesto, no me atrevería a tener pensamientos inapropiados sobre la señora de mi jefe, pero al ver su figura tan perfecta, definitivamente no podía evitar imaginarme cosas.
Por supuesto, jamás me atrevería a tener pensamientos inapropiados.
A esta señora la respeto demasiado.
Cuando terminé de abrocharle la cremallera del pantalón, le dije: —Señora, ya he cerrado la cremallera.
—Sí, lo sé. Puedes salir ahora mismo.
Salí del Vestier, y el aroma de su fragancia todavía permanecía en mis p