—¿Jugar? ¿De qué hablas? Yo no estoy jugando contigo. Ven y dime la verdad, ¿te sentiste muy bien hace un momento? Viviana insistió en preguntarme, mirándome con esa expresión tentadora que tanto me irritaba.
Por dentro, me sentía al borde de perder la paciencia.
Tenía toda la energía acumulada, mi deseo había sido encendido, pero no tenía forma alguna de liberarlo. Encima, ella seguía burlándose de mí. No podía estar más frustrado.
Sin embargo, sabía que no podía aguantar más.
Así que decidí se