—Hazlo con fuerza, vamos, sé un poco más astuto. A mí me gusta cuando te portas de esa manera.
Mientras hablaba, Viviana apretaba con fuerza mi cabello, tirándolo de él sin piedad.
El dolor era tan intenso que pensé que iba a llorar.
—¡Ay! ¿Puedes dejar de hacer eso? Me vas a arrancar el pelo.— Me quejé, rogando que me escuchara.
Sin embargo, parecía que no me escuchaba. Al contrario, apretó aún más, haciendo que el dolor fuera tan insoportable.
No tuve más remedio que detenerme.
Viviana entonce