María jamás habría imaginado que, después de haberle sido infiel, Juan podría llegar a caer aún más bajo. Pero lo hizo, porque este hombre, sencillamente, no conocía límites.
—Qué asco en verdad…
María sintió cómo una oleada de náuseas se apoderaba de su cuerpo. El nivel de repulsión que sentía era tal que su organismo respondió de forma automática.
En lugar de preocuparse por ella, Juan simplemente aprovechó para lanzar otra acusación ridícula. —¿Qué te pasa? ¿No me digas que estás embara