Capitulo252
Sin embargo, parecía que el exnovio de María, ese hombre tan despreciable, no estaba dispuesto a rendirse tan fácilmente y continuó acosándola.

—Está bien, acepto que hice algo imperdonable contigo, y tú también lo hiciste conmigo. ¿No estamos a mano entonces?

Cuando ese hombre pronunció esas palabras, María quedó totalmente atónita.

Y yo, como espectador, tampoco podía creer lo que escuchaba. ¿Desde cuándo las relaciones se miden con un cálculo tan absurdo como ese? Todo esto era simpleme
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