Sin embargo, parecía que el exnovio de María, ese hombre tan despreciable, no estaba dispuesto a rendirse tan fácilmente y continuó acosándola.
—Está bien, acepto que hice algo imperdonable contigo, y tú también lo hiciste conmigo. ¿No estamos a mano entonces?
Cuando ese hombre pronunció esas palabras, María quedó totalmente atónita.
Y yo, como espectador, tampoco podía creer lo que escuchaba. ¿Desde cuándo las relaciones se miden con un cálculo tan absurdo como ese? Todo esto era simpleme