Mundo ficciónIniciar sesiónEl silencio que quedó tras la partida de sus hermanos no fue la paz que Catalina esperaba. No fue el vacío liberador de una misión cumplida. Fue una presencia física, una masa de aire denso que se instaló en el apartamento de los suburbios, apretándole los pulmones. Catalina se quedó de pie en medio de la sala, con el vaso de whisky aún en la mano, mirando hacia la puerta por donde Cristian, Jonatan y Andrés se habían marchado.
Había ganado. Enrique estaba siendo buscado como un animal rabioso por crímenes internacionales; y Casandra, la arquitecta de su miseria diaria, era un bulto inerte en un sótano oscuro. Sin embargo, al mirar sus propias manos, Catalina no vio el poder que tanto había buscado. Solo vio el rastro de una sangre que se negaba a secarse.El Descenso al AbismoEsa noche, el sueño no llegó. Cuando cerraba los ojos, el olor a carne quemada del sótano se mezclaba con el olor metálico de la nieve roja. Veía a William, con su vientre abierto, pidiéndole perd






