No respiraba.
Lo supe antes de tocarlo, antes incluso de mirarlo. El silencio tiene un peso específico, una densidad que solo aparece cuando algo dejó de pertenecer al mundo. Me quedé de pie, inmóvil, mirando ese cuerpo que todavía se parecía a Andrés solo por costumbre. La sangre ya no salía. Se estaba acomodando. La muerte siempre llega primero como desorden y luego como orden.
—No… —dije, pero la palabra no tenía dirección.
Me acerqué