POV. Amelia
Empecé a mover mi mano, con movimientos lentos y deliberados, sintiendo cómo se endurecía aún más bajo mi toque, cómo la piel se estiraba y se calentaba. Cada una de sus reacciones, el leve temblor de sus muslos, la forma en que su respiración se cortaba, era una droga. El poder que tenía en ese momento, el de poder darle placer o dolor, de calmarlo o encenderlo, era embriagador.
Él me atrajo hacia él, rompiendo el hechizo de mi mano y obligándome a recostarme sobre su cuerpo. La c