POV. Amelia
El agua caliente caía sobre mi piel como un refugio silencioso, un alivio necesario después de un día que me había desarmado y vuelto a reconstruir más de una vez. Apoyé la espalda contra la pared de la ducha y cerré los ojos, dejando que el vapor envolviera mis sentidos mientras el calor aflojaba, poco a poco, cada músculo tenso. Respiré hondo, intentando soltar lo que aún se aferraba a mí como un nudo invisible en el pecho.
Las escenas del día regresaron sin pedir permiso. La inti