POV. Adrian
A las ocho de la noche del día siguiente, todo fue una neblina de actividad frenética y silenciosa. Amelia y yo nos movimos por la casa como dos presencias inquietas, preparando nuestras armaduras para la batalla que se avecinaba. Mientras ella se vestía con un traje de chaqueta azul marino que proyectaba autoridad y compasión, yo me encerré en mi estudio. El teléfono sobre mi escritorio parecía tener un peso físico, una bomba a punto de explotar.
Mi corazón latía con un ritmo lento