POV. Amelia
El olor a lasaña recién horneada impregnaba cada rincón del comedor, mezclándose con el sonido vivo de las risas de mis hermanos y el tintinear de los cubiertos contra la cerámica. La mesa estaba llena, casi desbordada: platos humeantes, vasos de leche dejando pequeños anillos sobre la mesa, servilletas arrugadas sin protocolo. Sobre nosotros, la lámpara colgante derramaba una luz dorada que nos envolvía en una burbuja cálida, frágil y perfecta.
Normalidad.
Algo que me había costado