Un escalofrío me recorrió la piel al ver la expresión de Nana. La noticia sobre la mujer del restaurante la había impactado más de lo que pensé. Tal vez no debí decirle, su edad la hacía vulnerable a este tipo de emociones fuertes.
—Nana, ¿Estás bien? Anda, te ayudaré a llegar hasta el sillón, te sentirás mejor al sentarte, dije con dulzura, mientras la tomaba por el brazo, arrepentida por haberla asustado.
—No es nada, hija, solo es que estaba distraída y al escucharte me he asustado, esa muje