El aire se sentía cargado de tensión, como si una tormenta estuviera a punto de estallar. Sentí que el suelo se deslizaba debajo de mí, no por el shock o la sorpresa, sino por una furia ardiente que comenzó a hervir dentro de mí cuando me enfrenté a la mujer que decía ser mi madre.
Ella mantenía una calma que me resultaba irritante, casi ofensiva. Su serenidad no encajaba con la narrativa de mi vida, una vida que había estado llena de luchas y desafíos desde que tenía memoria.
—Emilie, sé que