Punto de vista de Belén
No podía dejar de sonreír mientras estaba sentada en la sala de juntas, viendo cómo los inversionistas asentían a mi presentación. El acuerdo con Valdez estaba prácticamente cerrado; lo veía en sus caras, en cómo se inclinaban hacia adelante cuando hablaba de los retornos proyectados.
Pero no era eso lo que me tenía radiante.
Rafael me había enviado flores la noche anterior. Rosas, tres docenas, inundando mi apartamento con su perfume. Y los vestidos. Dios, los vestidos.