Punto de vista de Belén
Las puertas del ascensor se cerraron y por fin solté el aire que había estado conteniendo.
Rafael estaba a mi lado, la mandíbula tensa, las manos metidas profundas en los bolsillos. El silencio entre nosotros era pesado, asfixiante.
Había hecho lo que había venido a hacer. Había marcado mi territorio. Había dejado claro a todo el mundo en esa oficina, especialmente a Teresa, que Rafael era mío.
Pero se sentía vacío, como ganar una batalla que ya estaba perdiendo.
El asce