Punto de vista de Rafael
Me quedé en el garaje mucho después de que el coche de Belén desapareciera en la esquina.
Las manos todavía en los bolsillos, la mandíbula apretada. El sabor de su pintalabios seguía en mi boca y quería borrarlo, pero no lo hice.
¿Qué demonios estaba haciendo?
Nueve días. En nueve días me casaría con ella. Estaría en un altar delante de doscientas personas y le prometería un para siempre.
Un para siempre que no estaba seguro de poder darle.
Me giré y volví al edificio,