Punto de vista de Teresa
La mañana empezó como cualquier otra.
Llegué a la oficina a las siete y cincuenta, preparé el café de Rafael tal como le gustaba y me senté en mi escritorio para revisar la agenda del día. Nueve días para la boda. Toda la oficina bullía de emoción por ello: todos comentaban qué se pondrían, especulaban sobre lo lujoso que sería.
Yo mantenía la cabeza baja e intentaba fundirme con el trabajo.
A las diez y media se abrieron las puertas del ascensor y entró Belén.
Estaba p