No puedo seguir esperando sin hacer nada, pensó Amanda. No podía permitir que Jorge decidiera su destino. Si todo salía mal, que la arrestaran. Al menos en la cárcel le darían de comer, no la torturarían como lo estaban haciendo ahora.
Se levantó con determinación, apoyándose en la pared. Primero, bebió tanta agua como pudo para llenar su estómago y recuperar un poco de fuerza, luego se dirigió al balcón.
Era de madrugada y los empleados de la casa ya estaban dormidos.
Miró por la ventana la est