La azafata habló con cortesía.
Amanda miró la puerta del avión, que acababa de abrirse de nuevo, y el miedo se apoderó de ella.
No podía bajar.
Tomar otro vuelo incrementaba las posibilidades de que Jorge la encontrará. Si permanecía en Ciudad Sol, Jorge la encontraría.
—Mi pasaporte no tiene ningún problema. ¿No podría resolverlo una vez que llegue al destino? Podría cooperar con la embajada.
—Lo siento mucho, señora. Si no baja del avión, no podremos despegar, y eso retrasará el viaje de los d