— No... por favor no te acerques — murmuró Amanda, sintiendo el calor ascender a su rostro mientras el pulso se aceleraba.
Jorge la observó con una mezcla de confusión y preocupación. Sin embargo, él respetó su petición y retrocedió un poco, permitiéndole su espacio.
— Solo quería ver si la herida está bien— insistió, mostrando sus manos ásperas, curtidas por los años de entrenamiento. Y ofreciéndoselas.
Amanda no pudo evitar recordar su sueño, un sueño tan vívido en el que esas mismas manos re