Jorge la agarro de la muñeca, su mirada era difícil de identificar por la poca luz que entraba por la ventana que daba a su espalda. Amanda se emocionó aún más. ¿Ese agarrón tenía un toque de... ¿pequeña rabia? Cuanto más Jorge evitaba su contacto, más se arrimaba.
En sus sueños anteriores, él siempre había sido el dominante, y eso la dejaba sin aliento. Pero ahora, con este cambio de estilo, le gustaba aún más.
— ¿Qué parte de ti no puedo tocar? — dijo Amanda, provocativa.
— Amanda, ¿estuviste