Amanda escuchó las palabras de la abuela y, sin más que decir ni ninguna vergüenza ante ella, levantó la mano y le dio una buena y bien merecida cachetada a Viviana. Viviana no se quedó quieta e intentó devolverle el manotazo, pero la abuela ya había previsto su reacción y ordenó que la sujetaran con firmeza.
— ¡A los burros se les trata es a los golpes! —dijo la abuela sin rodeos. A pesar de ya sus muchos abriles, ella era directa y decidida.
Amanda se le acerco galantemente a Viviana.
— ¿No sa