— Abuela, si ese día hubiera sido yo, también habría estado dispuesta a cambiar mi vida por la de Lucas —dijo Viviana con aire lastimero.
— Entiendo la firmeza de tu amor por él, entonces si es tan verdadero, firma—contestó la abuela sin inmutarse. Ese juego de ingenuidad no funcionaba con ella. La experiencia era su aliada, y había vivido mucho más de lo que Viviana podría imaginar en este mundo de intrigas.
— Si no firmas, quedará pues claro que lo que amas es la fortuna de los Cardenal, no a