Harry golpeó con fuerza el respaldo del sofá, soltando una maldición entre dientes por la interrupción. Luego, bajó la mirada para sintonizar con la mía. Yo estaba completamente agitada, con el pecho subiendo y bajando, contemplándolo en silencio. De la nada, impulsada por un tierno arrebato, me incorporé un poco y le di un beso. Un último beso, suave, y le sonreí. Él pareció ablandarse por completo y me devolvió la sonrisa.
Se retiró de mi interior con lentitud, centímetro a centímetro, hasta