—Any—
Colgué el teléfono y me apresuré a guardarlo en mi bolso que colgaba flojo de mi hombro. Se me dificultaba un montón porque la otra mano la tenía completamente atestada de ganchos y ropa nueva.
—Maldición... —Susurré para mí misma, quejándome mientras intentaba forzar el cierre del bolso con una sola mano.
Fue el peor error. En un segundo, el agarre se me soltó y vi con horror cómo toda la ropa que llevaba en los brazos se desplomaba de golpe, terminando esparcida por el suelo del pasillo