La señora Miller se quedó completamente en shock. Su rostro se tornó pálido, carente de cualquier emoción visible, mientras se limitaba a mirar a su hija de manera severa y gélida, como si su mente se negara a procesar las palabras que Rebecca acababa de pronunciar hace un segundo.
—¿Mamá? —Rebecca estiró la mano y le tocó suavemente el hombro para obligarla a reaccionar—. ¿Estás bien?
La señora Miller parpadeó repetidamente, sacudiendo levemente la cabeza hasta que por fin regresó a la realida