87: Maldiciendo.

—Gracias, tía Berta. — dijo alegremente, y nuevamente, como en mucho en tiempo no lo había hecho, Emma soñó despierta.

En el hospital de San Peter, Daniel miró fijamente a los ojos a su hermano Eduardo, recién regresando del castillo Balmoral.

—Eduardo, hay algo que no te he dicho. — dijo Daniel con seriedad.

—¿Qué es eso? Hermano. — cuestionó Eduardo.

Daniel se acercó a su hermano para abrazarlo.

—Tienes una hija ilegítima, y por mi descuido, cayó en las manos de Eduardo Cervantes. — respondió
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