172: Sencillo y amable.
El hombre del banco extendía su mano hacia Enzo, pero este, mirándolo con desprecio y sin decir una palabra, lo había dejado con la mano extendida y había salido de aquella asfixiante oficina. Nunca en su vida se había sentido tan humillado, el dinero que aun le quedaba apenas era suficiente para que a su madre y hermana no les hiciera falta nada y para que el pudiese “arreglar” aquellos problemas que aun tenía pendientes con Emma y Daniel.
En el exterior del edificio, el hombre encendía un cig