168: Su cuerpo y alma.
—Ella, ¿Ella quiere verme? Y Dante, ¿También quiere verme? — respondió casi incrédulo y sobresaltado.
Arthur sonrió. Las muchas emociones de ese hombre se habían mostrado con una sinceridad explicita y verdadera. En los ojos verdes de Daniel Lancaster podía leerse fácilmente el enorme y profundo amor que sentía por Emma, había comprendido que la amaba con la fuerza abrazadora del fuego, y por ello, había renunciado a todo por ese desmedido amor que sentía hacia ella y hacia su hijo.
—Así es señ