SOLEDAD:
El vapor del baño me envuelve como una niebla cálida, disolviendo el polvo del camino y en cierta medida, el nudo de nervios en mi estómago que apenas me deja respirar.
Lena insistió en que me sumergiera en una bañera que parecía más una pequeña piscina, llena de aceites que olían a jazmín y algo parecido a la miel... Mmm, delicioso.
—¡Relájate, Soli!
Chilla Lena desde el tocador, donde ya ha desplegado un arsenal de frascos y brochas, y unas cuantas cosas más que nunca he usado.
—Ne