SOLEDAD:
La suavidad de dónde estoy me hace sentir tan cómoda que no quiero despertar.
—Levántate dormilona.
Mi loba me habla y yo me giro acomodándome mejor, pero siento algo duro en mi trasero.
Abro los ojos de golpe y unos brazos me rodean pegándome más a la cosa dura.
—Duerme y deja de moverte tanto.
Una ronca voz me hace saltar de la cama, haciendo que caiga de golpe y miro a todos lados desorientada.
—¿Qué mierda?
Me pregunto levantándome y observo como un cuerpo grande bien trabajado y t