95. Era la amenaza. El peligro.
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La sala estalló nuevamente cuando asimilaron que esa chica había abofeteado a la señora Luther, su supuesta yerna
—¡¿Cómo te atreves a pegarle a mi esposa, niña insolente?! —espetó Benjamín Luther, rojo de ira, con una vena hinchada marcándose en su frente como si fuera a estallar.
Jazmín se volvió con calma, sin un ápice de miedo.
—Como usted no sabe controlar ni educar a su esposa, me tomé el atrevimiento —respondió con frialdad, respirando hondo antes de chasquear los dedos.
La puerta se