Sus labios se fundieron con los míos, desatando por dentro un huracán de pasión que era muy difícil poder contener. Sus manos se deslizaban con avidez por mi cuerpo, delineando cada una de mis curvas como si quisiera memorizarlas, como si me hubiese estado esperando toda una vida. Sentía su respiración entrecortada contra mi piel, y el calor de su cuerpo quemaba el mío con una dulzura feroz que me hacía temblar.
—Enzo —dije con la voz apenas audible, temblando entre sus brazos.
Él detuvo sus ca