Leonardo sacó el cuerpo de Isla del calabozo sin decir palabra. Emilia observó con la vista borrosa cómo arrastraba el peso sin vida por el suelo, mientras el sonido de la carne raspando el cemento resonaba en su cabeza. El miedo la envolvía en el pecho. Este ya no era el hombre que una vez amó. Era algo completamente distinto. Algo hueco. Algo roto sin posibilidad de reparación.
Al volver a entrar, se limpió las manos con calma, como si acabara de sacar la basura. Miró a Emilia y sonrió.
"Verá