“Adivina qué, Zara”, canturreó Valeria al teléfono, sin aliento, con esa emoción que era en parte triunfo y en parte cálculo.
“¿Y ahora qué?”, respondió Zara, seca. “Si esto es otra treta, Val, te juro que…”
“Es real”, interrumpió Valeria, encantada. “Estoy embarazada”.
Hubo un instante de silencio en la línea. “¿Qué?”, dijo Zara finalmente, incrédula. “Ni hablar. ¿Hablas en serio?”
“Sí”, dijo Valeria, suave y segura. “Estoy embarazada”.
El tono de Zara pasó de la sorpresa a la sospecha. “No te